La
política económica de Leopoldo Calvo Sotelo
RAMON
TAMAMES 28 FEB 1981
La
historia es bien reciente. Aún resuena en los oídos, y permanece en sus luces y
sombras en la retina.
La
dimisión de Suárez, el 29 de enero de 1981, dio paso al procedimiento de la
investidura de un nuevo presidente.
El
candidato nominado por UCD resultó finalmente el propuesto por el Rey al
Congreso de los Diputados, y tras el episodio del asalto a las Cortes, Leopoldo
Calvo Sotelo fue elegido en segunda votación.
Lo
más brevemente posible, vamos a tratar de hacer un análisis de la política económica
planteada por el nuevo presidente del Gobierno
1.
Máximo énfasis en la opción nuclear, en el contexto de un «PEN actualizado», en
el que seguramente se incluirán nuevas centrales nucleares, más allá de los
once grupos actualmente en construcción (por un total de 11.465 megavatios) y
de los otros tres que en estos momentos se encuentran en la fase de la licencia
previa (3.000 megavatios). La influencia de UNESA -acreditada ya en la
elaboración y discusión del PEN, y renovada en el tratamiento fiscal y
financiero privilegiado para los valores bursátiles eléctricos- seguramente
alcanzará nuevas cotas.
No
es extraño, pues, que Calvo Sotelo mostrase, en su. parca intervención en el
debate de investidura, el silencio más despreciativo para la energía solar;
como que tampoco aludiese a las posibilidades de ahorro energético. La única
novedad aparente en este área de problemas es la promesa (pendiente desde los
pactos de la Moncloa) de la constitución de un Instituto Nacional de
Hidrocarburos. Pero una idea así puede convertirse en la típica operación
cosmética; al amparo del inevitable «condicionamiento del Mercado Común
europeo». Se crearía una sola empresa estatal, y luego, «para no establecer
discriminaciones en contra de los intereses de la, empresa privada.», entrarían
en España las grandes corporaciones multinacionales del petróleo (las «siete
hermanas»: la Exxon, la Shell, la Mobil, etcétera). Tal vez surja a la postre.
la aparente paradoja histórica de que si un Calvo Sotelo (don José, en 1927)
creó Campsa para evitar el monopolio extranjero, otro Calvo Sotelo, don
Leopoldo, podría reabrir el mercado español a esos mismos intereses foráneos 55
años después.
2.
Promesa de una mayor aportación del Estado a la financiación de la Seguridad
Social, sin especificar con qué clase de Presupuestos Generales del Estado.
Desde luego, según todas las apariencias, más regresivos de lo que pudimos
imaginar en los tiempos -1977- en que se comenzaba la reforma fiscal. Pero
aparte de cómo se financiará esa recrecida aportación estatal -tema básico-,
también ha de tenerse en cuenta la Qbservación complementaria del señor Calvo
Sotelo, de que se procederá a una disminución de los tipos, a compensar con el
incremento de las bases de cotización. Lo cual puede tener un grave impacto
negativo en las pequeñas y medianas empresas, precisamente las máximas
creadoras de empleo y las que de manera más acusada padecen ahora la Seguridad
Social.
3.
La invitación a abrir un diálogo con los sindicatos, pero sin ningún compromiso
claro de negociación. Las ofertas previas no pasan de ser un mero recuento de
cuestiones, ya más o menos en marcha, o que, en otros casos, son poco
prometedoras: formación profesional, empleo juvenil, movilidad interprofesional
y geográfica, disminución de la edad de jubilación y asistencia al parado. En
realidad, tales esas medidas estarían en la misma línea del programa de la
CEOE, con la intención de facilitar el tránsito al despido libre.
4.
Planteamientos de moderación salarial. El señor Calvo Sotelo, en su discurso de
candidato, lo dijo con claridad meridiana: hay que frenar la inflación y
reconstruir los beneficios de las empresas. O, aún más nítidamente, UCD tratará
de acelerar el proceso, iniciado hace tres años, asegurándose de que los
aumentos de productividad vayan por delante de los salarios reales.
Colateralmente
habrá de recordarse que los estímulos a la inversión, que de forma tan pródiga
se vienen facilitando, se traducen en buena medida en sustituciones de brazos
por máquinas y de cerebros humanos por electrónica. Con ese tipo de inversión
no se crea más empleo, sino más paro.
En
definitiva, la derechización de UCD se refleja en su propio esquema, bien
simple, de salida de la crisis: forzar los excedentes, aunque sea con más paro,
y frenar la inflación conteniendo el precio del factor trabajo, pero sin para
nada ocuparse de detener las alzas del dinero (encarecido en favor de la banca
y de las grandes cuentas corrientes para la reciente liberalización del sistema
financiero). Como tampoco puede encontrarse,en la programática del señor Calvo
Sotelo ninguna referencia al precio del suelo, que sigue siendo objeto de
máxima especulación no obstante lo previsto en el artículo 47 de la
Constitución.
5.
Las promesas de reconversión industrial están haciéndose desde 1975. Y ahora se
reiteran, una vez más, sin concreciones innovadoras para los sectores más
afectados (siderurgia, construcción naval, textil),Lo que sí se evidencia es la
previsión del futuro otorgamiento -también en línea con las previas propuestas
de la CEOE- de mayores facilidades para qué las empresas puedan desprenderse de
sus trabajadores a través de los expedientes de regulación de empleo; otro
eufemismo para el despido muchas veces masivo.
6.
En los dos sectores actualmente en situación más crítica en la economía
española, la agricultura y la pesca, las promesas de Calvo Sotelo fueron
decepcionantes. Por un lado, adaptación de la reglamentación agraria hispana a
los reglamentos agrícolas de las Comunidades Europeas. Sin embargo, no critico
la reforma comunitaria de la agricultura, destinada en buena parte a frenar el
potencial español. En cuanto a la pesca, el ahora nuevo presidente se limitó a
dar por buenos los tratados que a duras penas se van consiguiendo.
La
planificación de don Laureano
7.
Hubo entre las previsiones de la nueva política económica. una considerable
referencia a la planificación del sector público. Pero planteada de tal forma,
que no parece vaya a ser otra cosa que un simple programa de inversiones
públicas (el PIP), al estilo de los que «tan laboriosamente» hizo don Laureano
López Rodó entre 1964 y 1973. Sin más consecuencias, por consiguiente, que
racionalizar el apoyo desde el Estado al capital monopolista, a través de la
presentación de compromisos públicos que no se fijarían en función de los
intereses mayoritarios de la economía y de la población activa española, sino
atendiendo a lo que marquen los grandes grupos de presión, se llamen UNESA,
UNESID, ANFAC, CBS, o empresas transnacionales.
En
síntesis, la política planteada por Calvo Sotelo es coherente con lo que
representa su figura en el mundo financiero español, cada vez más dependiente
del capitalismo transnacional. Lo regresivo de esa política se materializa en
los puntos ya comentados. Pero igualmente se acusa en la propuesta de disminuir
el gasto público (en 30.000 millones de pesetas); en la renuncia manifiesta a
no dar ni un paso más en tres impuestos importantes previstos en la reforma
fiscal (sucesiones y donaciones, patrimonio neto y TVA), y en la negativa a
asumir la reforma de la empresa pública para convertirla en una palanca de
salida de la crisis.
Modelos
extranjeros
Como
no podía ser menos, en el debate parlamentario de investidura hubo
comparaciones internacionales en cuanto a antecedentes y a posibles
consecuencias ya visibles de políticas liberales co m o la adoptada por Calvo
Sotelo (que son en realidad las más conservadoras de las diseñables). Los
modelos más comparables están ahí. El de la señora Thatcher, con sus resultados
de 2,4 millones de parados, que seguramente llegará a tres millones antes de
finales de 1981, alcanzándose entonces la cota del 12,5% del desempleo, la
máxima en el Reino Unido desde los tétricos años de la gran depresión.
En
cuanto al «liberalismo económico» de allende el Atlántico -« más al dia»,
subrayó el señor Calvo Sotelo-, ya conocemos el programa económico dé mister
Reagan: reducciones del gasto público con supresión de numerosos subsidios,
reducción del impuesto sobre la renta en un 30% y nueva reglamentación de las
amortizaciones. Todo ello para forzar los excedentes de las empresas, a lo cual
contribuirá -especialmente en favor de los grandes conglomerados- el aumento de
los gastos de defensa, que para 1984 absorberán el 32% del presupuesto federal,
frente al 24% de 1980-1981.
En
definitiva, la dirección que apunta mister Reagan, de favorecer aún más el gran
capital, será la misma del señor Calvo Sotelo. Aunque la economía española está
en una situación comparativamente peor, es previsible, y hay que tratar de
evitarlo, que en nuestro caso (servata distantia, habida cuenta de las
diferencias de escala) se produzca un importante au mento de los gastos
militares. Para ello, la UCD habría de conseguir hacer entrar a España en la
OTAN antes de 1983, lo cual es otra historia Hasta 1983 falta mucho tiempo. Un
tiempo que seguramente no va a trabajar en favor del regresivo programa del
señor Calvo Sotelo, que en pocas semanas, a lo sumo meses, tendrá su fin en un
nuevo ritual de cambios.
Ramón
Tamames es catedrático de Estructura Econórnica de la Universidad Autónoma de
Madrid y diputado del PCE.
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