Lecciones
y Diálogos para la Democracia
RAMON
TAMAMES 20 MAR 1979
En
el número de EL PAIS del domingo 18 de marzo, en la página 24, se daba la
noticia de haberse suspendido definitivamente el debate que debería celebrarse
el próximo 20 de marzo en el Club Diálogos para la Democracia, «en el que iban
a intervenir los candidatos a la alcaldía de varios partidos (UCD, PSOE, PCE,
CD y OPIT).
El
motivo de la suspensión ha sido la imposibilidad de contar con la presencia de
los candidatos de UCD y PSOE, señores Alvarez y Tierno».
La
verdad es que esta noticia, señor director, no produce sino confusión, porque
las invitaciones para el debate convocado por el citado Club habían sido
profusamente distribuidas desde hace bastantes días, por lo cual es de suponer
que los organizadores (señores Ollero y Gavilanes) contaban con la asistencia
de todos los primeros candidatos de las listas para las municipales en Madrid.
¿No
será que, una vez más, los señores Alvarez y Tierno, y ellos sabrán por qué, no
se atreven a enfrentarse en un debate con otros candidatos?
No
me extraña la actitud del señor Alvarez, que está haciendo una «campaña» en que
sistemáticamente rehúye su presencia en público en toda una serie de coloquios,
a los que se había comprometido d e antemano. Ahora, el señor Tierno Galván
imita tambien en esto a don José Luis Alvarez.
¿No
es. un tanto lamentable que los; candidatos de UCD y el PSOE rechacen de plano
el coloquio con el público en un club que, para más inri, se llama Diálogos
para la Democracia? ¿Es que a estos dos señores se les está olvidando ya
dialogar sobre la democracia y prefieren los tranquilos monólogos en.
solitario? Mucho le agradeceré la publicación de estas líneas, para que la
opinión pública pueda estar informada de determinadas actitudes tan poco esclarecedoras
de los señores Alvarez y Tierno.
Preguntas
a un programa económico
RAMON
TAMAMES 26 FEB 1977
A
escasamente tres meses de las anunciadas elecciones generales, y cuando el
proceso de legalización de los partidos políticos solamente se ha iniciado -restando
aún no pocas incertidumbres-, el Gobierno publica un extenso documento sobre la
situación económica que es difícil de calificar.
No
es un plan de estabilización con medidas concretas; ni se trata de un programa
de recuperación para salir de la crisis económica; ni aspira a ser, aunque
tenga algún vestigio-, un plan de desarrollo a la antigua usanza de los años
sesenta.
Y
difícilmente cabe pensar que, sin decirlo explicitamente, el Gobierno Suárez
esté planteando su reforma económica para un período mucho más largo del que
terminará en junio del presente año.
Por
otra parte, en la larga declaración gubernamental, se combinan apreciaciones
propias de un ensayo periodístico con observaciones que encajarían más en el
«programa económico» de un partido político.
Hay
muy pocos visos de que nos hallemos ante un plan de acción frente a la dura
emergencia de hoy. Entre otras cosas, porque el desarrollo legislativo de todas
las rúbricas que contiene el documento en su última parte de «acciones
inmediatas», no sería posible en tres meses, ni seguramente en un año. Por eso
el mejor comentario que puede hacerse a este extraño documento es una serie de
preguntas: ¿qué se propone realmente el Gobierno? ¿no estará preparando su
propia perpetuación más allá de las elecciones?
O
por el contrario, -lo que parece más probable- ¿no estará simplemente
«cubriendo el expediente» para llegar a las elecciones?
De
las pocas cosas que están claras en el documento es la promesa, que parece
formulada para el corto plazo de ir a la liberalización progresiva de los tipos
de interés.
Lo
cual, a no dudarlo, sería un magnífico negocio para la oligarquía financiera en
general.
Cuando
se habla de luchar contra la inflación y de controlar los precios de los
productos y servicios básicos, no deja de ser sorprendente que se vaya a dejar
en plena libertad el precio del dinero.
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