Navarra
FELIPE
GONZÁLEZ MÁRQUEZ 8 SEP 2007
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Siguen,
aunque mitigadas, las reacciones al enredo navarro como consecuencia del
resultado electoral. Viví los prolegómenos y participé en la campaña. Mi
impresión no ha cambiado desde aquellos momentos. Fernando Puras me parecía un
buen candidato y, seguramente, hubiera sido mejor presidente del Gobierno
foral, pero los resultados no lo acompañaron ni a él ni al partido.
Me
preocupaba y me preocupa la algarabía de los dirigentes del PP y de los de su
marca navarra, porque ellos sí utilizaron el tema de la Comunidad como moneda
de cambio. Me pareció y me parece inteligente la posición de la plataforma
nacionalista, aunque no comparta sus afirmaciones. Estaba identificado con el
mensaje de fondo de la candidatura socialista y no lo estuve con la gestión de
los resultados.
Estos
resultados no me extrañaron. Hace falta tiempo y tenacidad para abrir un
espacio de convivencia en la especificad de Navarra como espacio público que
comparten ciudadanos con distintas ideas -lo normal- y con distintos
sentimientos de pertenencia, lo que resulta más difícil de gobernar. Sobre todo
cuando se agitan fantasmas de traiciones identitarias y se fundamentan las
políticas de los líderes en propuestas de exclusión de los otros, de los que
sienten su pertenencia de otra manera.
El
socialismo democrático navarro, aún con las hipotecas del pasado reciente,
hacía la única propuesta integradora de la diversidad de sentimientos de
pertenencia, desde una plataforma progresista, inclinada a la izquierda. Pero
estaba y está sometido al choque de trenes de nacionalismos enfrentados que
dividen a la comunidad más por razones identitarias que por las propuestas de
ideas incluyentes de la diversidad. Abrir un espacio con vocación mayoritaria
cuesta mucho, pero es imprescindible para los navarros, primero, y para
nosotros como socialistas, después.
En
política lo evidente es lo que más cuesta ver. Por eso pasaba extrañamente
desapercibido que el eslogan de campaña de Unión del Pueblo Navarro ("Sí a
Navarra") fuera idéntico al nombre mismo de la plataforma de los
nacionalistas (Nafarroa Bai). Así, dos formaciones antagónicas enfrentaban a
dos partes de la comunidad navarra, afirmando que la identidad de la misma era
la que ellos representaban con exclusión implícita o explícita de la otra. Al
grito de Sí a Navarra frente a Navarra sí, unos y otros achicaban el espacio de
las ideas y agrandaban el de los sentimientos enfrentados. En medio, los
socialistas afirmando que Navarra es el espacio compartido de todos los
navarros y que son las propuestas programáticas y la voluntad incluyente de
convivencia las que deben ofrecer las soluciones.
Tal
como yo lo veo, seguimos viviendo un mundo de falsedades sin aclarar. Los de
Nafarroa Bai, los más inteligentes en la forma, ocultan que su plataforma no es
de izquierdas, sino de concentración nacionalista, que no es ni puede ser lo
mismo. La argamasa puede ser una propuesta para desalojar del poder a los
navarristas de la marca del PP, si no tienen, como así ocurrió, la mayoría,
pero no la ficción de alternativas de derecha o de izquierda.
Los
de UPN, como los que renunciaron a la dependencia de los violentos en la
plataforma de NaBai, sabían y saben, en contra de las tonterías que se han
dicho, que los mayores opositores a un gobierno alternativo eran los
terroristas y los que dependen de ellos. Es evidente pero se oculta.
Para
ETA y Batasuna, que un grupo escindido de ellos por rechazar la violencia
llegue a gobernar en Navarra era la peor noticia. Los del PP también lo saben,
aunque afirmen exactamente lo contrario por intereses espurios de conservación
del poder.
En
una situación de esta naturaleza, con los resultados habidos, los compañeros
socialistas deberían haber dejado el protagonismo de la difícil formación del
gobierno a la primera fuerza política. Tras su fracaso, casi inevitable por la
propia normativa estatutaria, deberían haber esperado a los segundos en votos.
Sólo cuando no hubiera solución de gobernabilidad deberían haber optado por una
oferta que la facilitara desde sus propuestas programáticas o haber reconocido
que no se daban las condiciones de formar un gobierno y había que volver a las
urnas.
Personalmente,
tal vez por la deformación de mi vocación mayoritaria, yo me hubiera inclinado
por esta última opción, con todas sus consecuencias. Por eso me entristece
pensar que parte de mis compañeros se sientan frustrados por haber pretendido
el desalojo de los que tenían la primera minoría sobre cualquier otra
consideración. Es casi lo mismo que pensaban los asociados al PP en sentido
contrario.
No
tengo la menor idea de cómo se produjeron las conversaciones entre la dirección
federal de los socialistas y los compañeros de Navarra a partir del día
electoral, pero comprendo la posición de la Ejecutiva, más allá de razones
estatutarias. Si me hubiera tocado decidir, hubiera hecho algo semejante, con
la salvedad de que no conozco las razones de la dirección más allá de lo hecho
público en medio del ruido de las interpretaciones, y las mías, en forma de
opinión sin interferir en lo ya pasado, son las que expongo aquí.
Siento
que Fernando Puras haya dimitido. No beneficia al socialismo navarro. Siento
que algunos de mis compañeros cuestionen por lo ocurrido a la dirección navarra
y crean que en cada territorio hay que decidir todo lo concerniente al mismo,
sin tener en cuenta que compartimos un espacio mayor como ciudadanos y que para
nosotros, como socialistas, la cohesión en ese espacio compartido es clave para
comprender que queremos convivir incluyendo y no excluyendo a los que tienen
sentimientos de pertenencia diversos. Eso es lo que nos diferencia de las
pulsiones nacionalistas de cualquier signo. En Navarra y en otros lugares.
Puede y debe haber ideas socialistas en todos los sentimientos de pertenencia.
Es nuestra argamasa en la diversidad.
Si
perdiéramos eso, nuestra situación en Navarra y en otros lares no sería mejor
sino peor, en todos los sentidos. Seríamos más débiles, en cada lugar y en el
conjunto, sin poder ser diferentes si queremos seguir ofreciendo ese camino que
es el socialismo democrático.
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